
Hacía ya tiempo que el viaje había empezado. Todo cambió, cuando un fuerte viento de tempestad sacudió el auto en el que viajábamos cada uno de nosotros, sacándonos furiosamente del camino y dejándonos solos, mirando atónitos como se habiá llevado el aire todas nuestras maletas.
Pocos segundos pasaron antes de que nos diéramos cuenta de que quedamos en un lugar desterrado, donde algún día hubo candiles lujosos, pinturas ilustres y plata fina. Golpeaba el silencio. Lo habían saqueado. Quedaban todavía algunos rastros, no hacía mucho tiempo que se habían ido; podían entreverse en el pavimento los pasitos de la gente pequeña.
"Hay que iniciar" dijo Julio y no quedó más que encender de nuevo las máquinas. Con el aceite sucio, con el parabrisas sin limpiar, pero había que iniciar en ese momento.
No será tan largo este camino de regreso, aún vemos las huellas de los desterrados. ¡Vamos hacia alla! ¡Donde esta la luz! ¡A la Zona IX!
Claudia Moreno

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